Araira ¿Será voz caribe? PDF Imprimir Correo
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Historia y tradiciones
Escrito por Jesús María Sánchez   
Lunes, 31 de Mayo de 2010 05:58

     Araira ¿Será voz caribe? ¿Nos vendrá este término de la nación de los Arbacos? Posiblemente de allí nos desprendemos y más si vemos que en la voz Guaraira, Caribe por supuesto, ya encontramos, al quitarle las letras iniciales, el nombre Araira.      Pequeño valle por donde abrieron sus caminos los aborígenes y por donde más tarde transitarían los conquistadores, los fundadores de pueblos y ciudades, los colonizadores, y con el correr del tiempo los capitanes de la Gesta Emancipadora. Araira, Las Colonias o Municipio Bolívar, acercó, mediante sus serpenteadas vías, al Oriente venezolano con las demás regiones del país. Por ellas pasó Simón Bolívar en la trágica Emigración a Oriente y también la Imagen del Niño Jesús de Capaya. Este es el camino que utilizó el general Francisco Bermúdez en la “Diversión de Oriente”, acción clave para el triunfo de la batalla de Carabobo, que tuvo lugar en El Rodeo.

     Hasta Araira llegó un día de 1874 un representante del general Antonio Guzmán Blanco con la intención de negociar la adquisición de terrenos para que sirvieran de hogar a inmigrantes europeos. La negociación se realizó entre el Ejecutivo Nacional y Emilio Yánez y Trinidad Ascanio de Yánez. Así le darán inicio a una comunidad que luego se convirtió en “Colonia Bolívar”. Primero fueron inmigrantes franceses, después llegaron los italianos. De aquellos primeros inmigrantes italianos hoy se recuerdan apellidos como Zanella, Trevisson, Menegatti, Dal Magro; Livinally, Possamai, Raveane, Daló, De Lion, Dal Pont, Girardi, Pittol, Stiz, Sommavilla, Sandón, Sponga, Zequín, Melchor, Beñone, Briñole, entre otros. Hacia esta parte de nuestro Estado Miranda, en el año1928, cuando el país era conducido con mano férrea por el tirano Juan Vicente Gómez, fueron trasladados un grueso número de jóvenes estudiantes quienes, en aquel penumbroso momento político, habían alzado sus voces contra el dictador. En esta estrecha geografía entonaron, para asombro de los araireños, su canto revolucionario, el grito de rebeldía juvenil: ¡Sacalapatalaja! ¡Sacalapatalaja! ¡Sacalapatalaja! Ese grito de inconformidad iba saliendo de los labios de Miguel Acosta Saignes, Felipe Massiani, Felipe Márquez Cañizales, Luis Villalba Villalba, Carlos Eduardo Frías, Nelson Hemiob, Rafael Oliveira, Luis Alvarez Marcano, Luis Castro, Pablo Rojas Guardia, Rodolfo Quintero, Juan Baustista Fuenmayor, Isaac Pardo, Juan Bautista Marturet, Enrique García Maldonado, Ildemaro Lovera, Kotepa Delgado, Rafael Vegas León, Luis Augusto Benedetti. Entre picos, palas, carretillas y demás herramientas para el trabajo forzado, bajo la mirada penetrante de los “chácharos”, muchos de ellos fueron bautizados para hacer más llevadera la tortura, con significativos sobrenombres, tales como: Rosa de Fuego (Ildemaro Romero), Mijick (Miguel Acosta Saignes), El Murciélago (Isaac Pardo), Monseñor (Márques Cañizales), El Comandante (Domingo Calatrava), El Bellaco (Felipe López), El Mudo (Anzola Carrllo), El Caudillo (García Maldonado), Marmota (José Antonio Marturet), La Pereza (Herrera Pinto), El Cervato (Jorge Pardo Becerra), Agua Helada (González Mendoza) y El Marqués (Rafael Oliveira).

 

Su condición de Municipio
      El día 3 de septiembre de 1936 la Asamblea Legislativa del Estado Miranda eleva a Araira a la condición de Municipio, tomando el nombre de “Bolívar” e instalándose su Junta Comunal el 20 de noviembre de ese mismo año, presidida por el comerciante y educador don Gregorio Oses. Para la consecución de ese status se conformo el Centro Patriótico donde militaron Antonio Ramón De Lión, Jesús Correa, Francisco León, Rafael Jacinto Díaz, Humberto Oses, Gastón Biord, José León castro, Rafael Antonio Piñango y Abel González. Ellos se encargaron de elaborar toda la documentación que se requería elevar ante el Consejo Municipal del Distrito Zamora y la Legislatura del Estado. No fue un trabajo fácil. Hubo que hacer censos de población, económicos, agrícolas, industriales, educativos, culturales, etc. Es justo reconocer la obra literaria de Amelia Pittol, poetisa, quien con lenguaje sencillo le cantó a lo que la rodeaba, a su entorno, a su cálida geografía. Muchos de sus poemas aparecen dispersos en periódicos como El Sol, de Caracas; 3 de Mayo, de Guatire; Ecos de Araira, entre otras publicaciones. El año de 1933 Amelia Pittol da a luz “Anhelo”:


En el pacífico ambiente de la plácida montaña

las avecillas forman un alegre rumor

y yo desde el soleado rincón de mi cabaña

pongo empeño en robarle ese canto de mar

más su cadencia de oro se la lleva el follaje

y entonces con pena, ante el profundo paisaje

absorbe así mi espíritu toda la tristeza.

 

      El 4 de julio de 1942 la población de Araira se despierta asombrada al oír al pregonero anunciado el primer número de Ecos de Araira. Vocero del pensamiento escrito, producto de las inquietudes de Emiliano León Castro, Luisa A: González, Roque J. Possamai y José León Castro. Como noticias importantes estaban las visitas del ciudadano Humberto Vargas, quien llegaría la población con la intención de establecer una empresa de cine, y del excelentísimo Arzobispo de Caracas, Lucas Guillermo Castillo, quien venía acompañado por Rafael Piñango y Miguel Pittol. El Obispo fue invitado al Municipio Bolívar para que impartiera al templo y a la Imagen de la Virgen del Carmen.

 

Su gente de siempre

      El béisbol de Araira estuvo representado por la divisa Libertador, novena que se enfrentó a equipos de Guatire, Guarenas, Caucagua, Petare y Caracas. Allí destacaron veteranos jugadores de la talla de, Manuel Armas, Eustoquio Lievano, Ricardo Castro, Luis González, José Porras, Domingo Pittol, Félix Ramón Sánchez, Brígido León, Francisquito León, José Gabriel Rodríguez, Gustavo “Matico” Tovar, Jesús “Chucho” Silva. Todos constituyeron el primer conjunto, ya que años después, otro grupo de araireños se enrolan en la llamada segunda etapa de El Libertador, formada en esta ocasión pot Angel González, Emiliano León, Julián Palacios, Catalino Castillo, Luciano Rojas, Ricardo Armas, Pablo Lara, Ignacio León, Fermín Lara, José León Castro, José María Lara, Miguel Armas, Juan Sabino Ramírez, Leonardo “Pata’e cacho” Rodríguez, Victoriano Pellicer, Roque Possamai, Abel González, Emilio Bello Ricardo y Manuel “Moncho” Possamai. Son momentos para recordar a boticarios como Acosta Piñango, Luis González y Juan Alcalá quienes en modestos establecimientos se encargaron de la salud de la comunidad. A los panaderos Nicanor Blanco, Jesús María Salinas y Justo Pereira. Barberos diestros en máquinas, navajas, brochas y peines como Luis Blanco e Inocente Ruiz. Arpistos que amenizaron grandes joropos dentro y fuera de Araira como los hermanos Juan, Paulino y Visitación Morgado. Asimismo, en el plano de la educación, a la memoria nos vienen los nombres de don Gregorio Oses, Alicia Raveane, Victoria de Rodríguez, Aminta Aquino, Irene Maiz, Cristina Daló, María Fregona. A veteranos coleadores, jinetes que en la calle real, lugar donde se acondicionaba la “manga”, torcieron muchos rabos para satisfacción de chicos y grandes: los hermanos Jesús y Tato Mijares, Demetrio Martínez, Guido Posssamai, Rafael Rodil, Enrique Biord, José, Aquino y Raúl Espinoza, entre otros.

 

Economía de ayer

      Los arreos de mulas, medio de transporte que cruzó todos los caminos de Araira, tenían la conducción de expertos conocedores de sus oficios, de las dimensiones de Sixto Quintero, Pedro Lamo, Jesús “Cigarrón” González y Jorge “Perola” Cáceres. Dentro del plano industrial, no podemos olvidar las procesadoras de almidón que poseían Gastón Biord, Francisco Pittol y Guido Possamai, donde mujeres muy laboriosas se encargaban de, mediante un fino colador de tela, sacarle el yare a la masa de la yuca. Allí vimos entre cantos, amena conversación y mucho agua a Dolorita Porras, Petrica Llamozas, Domitila Toro Bracamonte, Eduvigis Porras y Ernesta Possamai. Los modestos establecimientos comerciales eran regentados por doña Marieta Possamai, don Domingo De Lión, Raimundo Parica, Humberto Oses, Gastón Biord, en la rama de las bodegas; Andrés Rodríguez, Alfonso Tachón y don Natalio, en las tiendas; Antonio Ramón De Lión, Cundo Fanti y Luis Possamai atendían los botiquines del lugar; Sixto Vásquez y Tomás Navas, manos diestras que se encargaban de beneficiar en l matanza, las reses que llegaban al matadero y Guido Possamai, fiel conocedor del palo cochinero, en la compra de marranos, pavos, huevos, mulas, ganado; Vicente Espinoza, pesador de carnes y quien, dentro de sus bondades, regalaba los huesos de tuétanos, costillas, mondongos, bofes, riñonadas, hígados y corazones, a familias que lo necesitaran; don Leopoldo Berroterán, fiel conocedor del arte de la confección de sogas; Ramón Díaz y el “Mocho” Zuleta, en la fabricación de enjalmes, sudaderas, gruperas, cinchos y arritrancos.

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